miércoles, 8 de octubre de 2014

DUDA DIVINA


Con frecuencia he escuchado que un cristiano nunca debe estar triste, aduciendo textos como “estad siempre alegres” (1Tesalonicenses 5:16) o “al creyente todas las cosas le sirven para bien” (Romanos 8:28).
También he oído que en la fe de un verdadero cristiano no cabe ninguna duda, alegando textos como que “quien duda es como las olas del mar” (Santiago 1:5-8) y otros varios (Mateo 14:31; 21:21, Lucas 24:25).
Como resultado, he visto a personas anuladas emocional y espiritualmente por creer que siempre debían mostrar una sonrisa o que nunca debían compartir sus dudas, pues ¡¿qué buen cristiano hace eso?!

El otro día escribía que “una fe que nunca duda no es una fe fuerte, sino una fe muerta”. Voy a tratar de completar la idea.
Esta nota es para aquellos que en algún momento han dudado, dudan o dudarán. Ojalá te sirva, amig@. 
A aquellos que no albergan dudas en su fe tan sólo les digo, como Judas 1:22, que “tengan compasión de nosotros, los que dudamos”. 

DUDA DIVINA

Hay para quien fe y duda no funcionan en la misma ecuación; son incompatibles. No lo creo así. Creo que lo contrario de la fe no es la duda, sino la indiferencia o, dicho de otro modo, no buscar respuestas. 
Dudar es parte de nuestra naturaleza y una experiencia universal. En ocasiones el ser humano se encuentra en medio de no-saber, de cuestionarse, de vacilar, de titubear, de más temor y temblor que de pleno entendimiento y seguridad. Si de algo no dudo, es de que la fe no es un mar en calma.
Abraham creyó, pero su fe también se cuestionó (Génesis 15:8; 16:2).
Jacob vaciló entre confiar en Dios o temer a su hermano (Génesis 32).
Elías se asustó y quería morir (1Reyes 19:4). 
Job expresó sus dudas al Creador.
David y Salomón cantaron sus miedos y desconciertos.
Jeremías discutió con el Señor (12:1).
Habacuc y otros profetas también ponían en tela de juicio la voluntad de Dios.
El mayor de los profetas, Juan el Bautista, desde la cárcel mandó a sus discípulos preguntar a Jesús si realmente él era el Mesías que debían esperar (Mateo 11:3).
Discípulos y apóstoles huyeron, negaron y dudaron…
Hasta el propio Jesús (llamadme hereje), en la noche más oscura pidió: “si es posible, pase de mí esta copa” (he aquí el Jesús más humano); y llegó a decir en oración: “Padre, Padre mío, ¿por qué me has abandonado?”; pero el Maestro reconoció: “no se haga mi voluntad sino la tuya” (he aquí el Jesús más divino). Jesús no dudó de su misión ni perdió la fe en el plan de salvación, pero sí experimentó angustia, separación y sintió la muerte.
¿Quiero argumentar con esto que la duda es un ejemplo y fundamento de vida? No. Pero entiendo que dudar es parte del proceso natural (o sobrenatural) de la fe. Sí, es verdad, a veces también puede ser parte de la incredulidad más peligrosa o la tentación; pero su origen dependerá del resultado final. Lo que te debe preocupar no es que dudes, sino qué vas a hacer con la duda: si te va a llevar a algún sitio o te vas a quedar paralizado, si aceptas el desafío de avanzar hasta las últimas consecuencias de tu fe o la vas a guardar en el baúl del cristiano que no se permite dudar (créeme, esta última opción te consumirá).

Me parece inconcebible acercarte a Dios y no cuestionarte ciertas cosas o preguntarte acerca de misterios insondables… Quizás algunos se acercan más a Él y tienen la sensación de que sus cuestiones se disipan. Pues bien, en ocasiones me pasa lo contrario, y no sé qué pensar. Ante su voluntad me quedo desconcertado. Más conozco y menos sé. Más me acerco y más misterios se abren a mi tímido paso. ¿Cómo no voy a dudar de aquello que no controlo y me sobrepasa si hasta llego a dudar de lo que cabe en la palma de mi mano y veo con mis propios ojos?
No concibo una fe que nunca se cuestiona a sí misma, que traga todo lo que le es echado o que se alimenta sin preguntar qué está comiendo. Tener fe no es aceptar todo como cierto, sino involucrarse en la idea de que Alguien está presente en tu presente, aunque a veces eso no se entienda. Fe no es contentamiento, es relación con una Persona y una realidad que me supera; y porque me supera, no siempre entiendo; y porque no siempre entiendo, en ocasiones dudo y me cuestiono. 

Al menos estas dudas indican que sigo vivo y que mi fe no es agua estancada sino que está en un viaje hacia algo que lo supera (como si desembocase en una gran cascada o en un enorme océano). No sé cuál será el final con total certeza, pero desde la fe y la duda sigo hacia adelante. Alguien decía que el acto de fe es un diálogo constante con la duda, y que la fe es una fuente de preguntas y combates antes de convertirse en una fuente de certeza y paz. ¿Quiere decir esto que por sistema debo dudar? ¿Que cambio la fe por la duda? ¿Que salto del barco y me tiro al mar? No. Pero un mar en calma no hace buenos marineros, y un mar que no se agita está muerto, y finalmente yo también lo estaré con él. 
Si tu fe está intacta desde que te encontraste con el Maestro, pregúntate si sigues remando con él en su barca o te has pasado (incluso sin darte cuenta) a un crucero por el Mediterráneo. 
Tan peligroso es construir tu vida sobre la duda como sobre una fe que nunca se interroga a sí misma. Si estás en la barca, quieras o no, te vas a mojar. El agua salpicará. Habrá momentos que no verás. O que escucharás el bramido de las olas más que a la voz del capitán. En algún momento de tu vida te vas a encontrar suspendido entre dos mundos. Como sobre un abismo. Y te vas a sentir en Tierra de Nadie. En Tierra de Duda. Pero no te quedes ahí. Jesús nos enseñó que “no buscamos nuestra voluntad, sino la de nuestro Padre”. Patriarcas, profetas y apóstoles nos han demostrado que aunque dudar puede formar parte del proceso, no debemos quedarnos ahí. Siempre hay más camino que recorrer, camino en el que no estamos solos. 
Pase lo que pase, sigue remando. No dejes de agitar los brazos. Camina. Grita. Llora. Haz lo que tengas que hacer, pero continúa buscando al Maestro, buscando la Luz, buscando la vida en Jesús. Convierte tu duda en divina; que ésta no sea el motivo de tu incredulidad, sino el trampolín para la fe de lo imposible.


Este no es un llamado a la duda. Es una invitación a evaluar tu fe. Crecer en ella. Empujar sus límites. Ampliar tu realidad. Seguir buscando. No quedarse quieto. Cuando sientas la duda, haz tuyo el grito de aquel padre que le rogó a Jesús: “no tengo fe, ayúdame a creer” (Marcos 9:24). Nos queda la esperanza de que hasta eso es suficiente para que Dios obre el milagro. 


lunes, 22 de septiembre de 2014

ABRAZA EL MISTERIO Y SIGUE CAMINANDO

Ayer comentaba con un amigo algunos pensamientos que me surgían a raíz de algo que me planteó; algo que no conseguía entender... Se podría titular ABRAZA EL MISTERIO Y SIGUE CAMINANDO. Lo comparto contigo 
________
(...)
No sé, quizás te sirvan o quizás no, pero debes saber que cuentas conmigo para cualquier cosa. Cualquier duda. Cualquier momento. Bueno o malo.
Tengo la sensación de que a veces predicamos un cristianismo o un Jesús o un Dios que viene a ser como un producto más en el mercado de la felicidad. ¡¡Chan chan chan… con Jesús todo irá bien. Con Dios en tu vida no habrá incertidumbres, ni vacilaciones, ni titubeos!! Hemos convertido a Dios en otra pasta de dientes que te dará una sonrisa perfecta o en una cápsula anti-estrés que consultar con el farmacéutico. ¡¡El mercado ha conquistado lo que era divino…!! Hemos pasado de vivir el Evangelio a consumirlo. De buscarlo (a pesar de que a veces eso implique problemas) a comprarlo (que es más fácil y seguro).
Creo que la realidad debe ser otra… Por mi experiencia (y por lo que puedo leer a lo largo de toda la Biblia) en muchas ocasiones me acerco a Dios y no obtengo respuestas. Me aproximo todo lo que puedo al relato de la vida de Jesús y me faltan soluciones (y si las tengo en la teoría, no consigo aplicarlas en la práctica). Probablemente salvarte sea fácil, pero seguir a Jesús no lo es.
La Biblia es la Palabra de Dios en palabras de la gente. Son sus experiencias y cómo se han relacionado con Él. Veo a Job, o a Moisés en muchos momentos, o a Salomón especialmente en Eclesiastés, o a los profetas mayores y menores constantemente sacudidos por su realidad y sin tener claro hacia dónde ir o qué respuestas encontrar. Veo a los discípulos, a Pablo (¿dónde pensaría que estaba Dios cuando le pasó todo esto -2Corintios 11:16-28-?) y a todos los nuevos conversos en situaciones que ni de lejos son de anuncio televisivo… El propio Jesús advierte a sus discípulos y los bendice “cuando por mi causa la gente os insulte, os persiga y levante contra vosotros falso testimonio” (Mateo 5:11). En cada carta del Nuevo Testamento hay al menos un par de versículos que se refieren a las dificultades que el creyente se va a encontrar por, justamente, ser creyente. La persona que decide seguir a Jesús y abraza el Evangelio hasta sus últimas consecuencias no es una persona normal (¡pero para qué leñes vamos a querer ser normales!)… ¡Está como una cabra (o mejor como una oveja)!, porque se ha metido en una lucha que no es sólo “contra seres humanos, sino contra poderes, autoridades, potestades y fuerzas espirituales que dominan este mundo de tinieblas” (Efesios 6:12). Me gusta esa expresión que usa Pablo en la Carta a Filemón, cuando llama a un amigo “compañero de lucha”… ¿Lucha de qué? De a veces no saber. De en ocasiones no querer. De en momentos sentirte sin fe. Atribulado. Perplejo. Perseguido. Derribado.
Por eso creo que deberíamos abrazar el misterio y el “no lo sé”, aprender a convivir con la duda (pero con la duda que no se cansa de buscar respuestas, no con la duda que sólo duda), aceptar las dificultades de la vida, reconocer que aquí y ahora mi existencia no llegará a estar completamente llena de respuestas ni certezas. Por eso te propongo que le demos la vuelta al planteamiento tradicional (y de paso le demos una patada a cualquier propuesta de dios-producto o jesusito-muñecofeliz)… que cuando nos despertemos cada día lo vivamos aceptando que Dios no es una máquina tragaperras, ni el genio de la lámpara que viene a salvarnos el día; que admitamos que la vida es dura, a veces (muchas) hasta desgarradora y cortante; pero, al mismo tiempo, a pesar de la oscuridad que podamos vivir, no nos soltemos de la fe, ni de la esperanza, ni del amor de Aquel que nos ha prometido que pase lo que pase, lo entendamos o no, está con nosotros. Decía Martin Luther King que sólo en la oscuridad es posible ver las estrellas. Fe es dar el primer paso, aún cuando no ves el lugar donde pisar, porque “nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. (…) Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más. (…) Vivimos por fe, no por vista” (2Corintios 4 y 5. Léelos enteros, son espectaculares).
Este lío de vida no es fácil, pero por encima de las dificultades y sin saber muy bien qué, cómo, cuándo o dónde, merece la pena seguir, buscar, pelear, respirar, confiar, abrazar, sentir, compartir y no dejar de experimentar (aunque a veces no sea como uno espera) la locura del evangelio.
¡¿Quién dijo que el viaje no iba a ser movido?! 

sábado, 20 de julio de 2013

La fe en la sociedad posmoderna (y II)


Reconociendo las limitaciones de quien escribe y teniendo en cuenta el panorama presentado, se proponen a continuación una serie de reflexiones breves con la oración de que sirvan como pistas en el laberinto contemporáneo de la fe. Creo profundamente que la comunidad cristiana tiene un propósito y que el mundo necesita escuchar y abrazar el mensaje de fe, esperanza y amor que Dios nos ha dado a través de Jesús. Su obra evangélica es ahora nuestra.

Lee el artículo en:
http://spectrummagazine.org/cafe_hispano/2013/07/18/la-fe-en-la-sociedad-posmoderna-y-ii

martes, 16 de julio de 2013

La fe en la sociedad posmoderna (I)



Esta primera parte nos sirve para situarnos ante el panorama de lo posmoderno y del fenómeno religioso. Puedes leer los primeros 3 puntos aquí: http://spectrummagazine.org/cafe_hispano/2013/07/11/la-fe-en-la-sociedad-posmoderna-i


En el siguiente artículo, con un carácter más práctico, proactivo y de diálogo, analizaremos:

4. ¿Una etapa transreligiosa, transconfesional y postcristiana?

5. ¿Cómo vivir una eclesiología cristiana relevante en la era posmoderna?
5.1. Jesús: paradigma universal
5.2. Eclesiología relacional: diálogo interno y externo
5.3. Referente moral: de la teoría a la práxisdel evangelio social
5.4. Brújula escatológica: horizontes y recreación
5.5. Comunicación y lenguaje: haciéndonos entender

6. Propuesta final

Será un placer leer tus comentarios y crecer en la reflexión.

jueves, 23 de mayo de 2013

Praxis de Amor, ejemplo de Cristo



Seamos claros. 
Basta de hablar del remanente encerrados en nuestra endogamia y etnocentrismo. Esa actitud de superioridad sobre otros grupos o culturas produce enanos espirituales cuyo narcisismo -«soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada...»- nos aleja de la realidad de la misión, del mundo y de nuestras propias necesidades -«...no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú» (Apocalipsis 3:17)-. 
La verdad doctrinal no nos hará entrar los primeros en el reino de Dios: «si alguno quiere ser el primero, que sea el último y el servidor de todos» (Marcos 9:35). 
Ese es el ejemplo de Cristo. Así es como él llegó a nosotros, así también nosotros debemos llegar hasta los demás. 
Esa es la única superioridad de la propuesta cristiana frente a otras cosmovisiones: el servicio, la igualdad y el amor.

lunes, 6 de mayo de 2013

No hay que "ganarse la vida"


Cómo nos han engañado...
Desde pequeños nos han dicho que “hay que ganarse la vida”. 
¡Pero si la vida es un regalo! ¡Ya la tenemos!
Pero no, nos hemos creído el cuento y hemos acabado renunciando a la verdadera vida para no parar de trabajar y “ganarnos la vida” (otra vez). Nos han vendido la moto. Y la hemos comprado (de nuevo). No renuncies a la vida. No la sacrifiques para vivirla porque te quedarás sin ella.

Te propongo que dejes de “ganarte la vida”, abras los ojos y te des cuenta de que lo que tienes que hacer es vivirla. Disfruta el regalo (que no es poco). 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Referente moral y Praxis social


La religión cristiana no trata únicamente sobre la salvación personal, sino que también dialoga sobre el mal social que corrompe el alma y sobre nuestra colaboración transformadora para con quienes nos rodean. A esto llamamos evangelio social. Martin Luther King dijo que «quien acepta el mal pasivamente está tan mezclado con él como el que ayuda a perpetrarlo. Quien acepta el mal sin protestar, realmente está cooperando con él».

El ejemplo de Cristo nos muestra una existencia orientada hacia las necesidades de los demás. Jesús no habla de una entrega parcial de nuestro tiempo y vida a la voluntad de Dios, sino de una entrega total. La eclesiología, la comunidad de fe, tiene el potencial de convertirse en un referente moral para el mundo. No por ella misma, sino porque la ética de Jesús es una ética de máximos. Si la iglesia quiere ser relevante tiene que responder a las necesidades sociales actuales, responder humanamente desde principios divinamente inspirados. Praxis social: «todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena» (Mateo 7:26).

Si Pedro hubiese llevado la teoría a la práctica: «aunque todos te abandonen, yo no [...]. Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré» (Marcos 14:29-31), otro gallo hubiese cantado. ¿Qué diremos y haremos? Isaías 58; 61; Jeremías 22:16; Mateo 25:31-45; Santiago 1:27. Entonces la iglesia tendrá sentido.

viernes, 8 de marzo de 2013

Sobre posmodernidad y comunidad cristiana


La solución no está en una huída a un trascendentalismo espiritualista que se diluye vagamente. Finalmente no llena nuestro vacío de sentido (aunque algo es algo). La necesidad de la iglesia es que ésta se llene de Cristo. Alguien decía que si “Dios es amor” y Jesús es el verbo hecho carne, entonces “Jesús es amar”. Eso le falta a la iglesia. Profunda decisión de amar a su prójimo. Hay un divorcio entre la experiencia vital que Cristo propone y la realidad eclesiástica que la sociedad vive y percibe. En el plano teórico todo está claro. En la vivencia diaria, aunque sea una lucha, no tanto. Si podemos sacar algo bueno de una de las características de la posmodernidad es la vuelta a una religiosidad íntima. Podemos preguntarnos, pero ¿¡qué tiene esto de bueno!? El hecho de que, de alguna forma, nos recuerda e invita a interiorizar a Cristo antes de externalizarlo. En muchas ocasiones la iglesia ha sido demostración exterior de algo que no poseía en su interior. Hemos afirmado ser cristianos cuando no hemos tenido a Cristo en el centro, ni hemos llevado una vida como tales. El “imperativo social” de vivir una religiosidad interior debe favorecer el encuentro personal con Cristo para luego, a través del amor y de la fuerza de ese encuentro diario, saltarnos cualquier “tendencia social” y compartir en comunidad un mensaje y, sobretodo, una vida plena que sea reconocida como sobrenatural: “los gobernantes, al ver la osadía con que hablaban Pedro y Juan, y al darse cuenta de que eran gente sin estudios ni preparación, quedaron asombrados y reconocieron que habían estado con Jesús.” - Hechos 4:13. 
Entonces la iglesia tendrá sentido. 

viernes, 1 de febrero de 2013

Corrupción. Mentira. Codicia.


Corrupción. Mentira. Codicia. 
No sólo las vemos, sino que nos gobiernan y las sufrimos. 
Aún con todo nos atrevemos a decir que la Biblia es un libro viejo. Una monserga pasada. Un cuento infantil. Un mito infeccioso. Leemos sus palabras y nos lanzamos a afirmar que son mandamientos de un dios enfadado que se deleita en el castigo y la prohibición. Pero más nos valdría reconocer nuestro error y abrazar sus principios. Algunos de ellos sanearían nuestras vidas, producirían sanas conductas y generarían paz de lo alto. Paz verdadera. Paz social. Paz del corazón. 
“No robes”. 
“No mientas”. 
“No codicies ninguna cosa que no te pertenezca” (Éxodo 20).
Creo que a Dios le importa bien poco el nombre de tu Religión, porque “en esto conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros”; o la Política, pues “su reino no es de este mundo”. Pero sé que está profundamente interesado en las Relaciones, ya que “este es el resumen de la ley: ama a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14); y en las Personas, quienes “deben velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás” (Filipenses 2:4).
Estos “divinos consejos” son un mensaje relevante. Una necesidad presente y actual. Protección para el desvalido y el entendido. Refugio para el débil y el poderoso. Justicia para unos y otros. Amor para todos. 
Mientras tanto, “manteneos firmes y aguardad con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca. ¡El juez ya está a la puerta!” (Santiago 5).

martes, 1 de enero de 2013

Abrir la boca vs. Abrir el corazón



Ora siempre. De ser necesario, usa palabras. 
Porque en la mayoría de las ocasiones una lágrima le dice a tu Papá más que mil de tus palabras; una sonrisa sincera más que cien páginas escritas; y una mirada humilde, incluso con los ojos cerrados y apretados, más que un libro entero. No pocas veces confundimos abrir nuestro corazón con abrir nuestra boca. ¡Y cuánto más nos valdría cerrarla y regalarle un espacio al noble silencio! Orar no es hablar con la boca, es hacerlo con toda tu mente y todo tu corazón. Es resquebrajar el yo y entregar tu interior, con sus heridas e impurezas, a Aquel capaz de sanarlo y transformarlo. Es alabar. Agradecer. Abrazar la voz de Dios. “Escuchadme y viviréis”, dice Él. Es abandonar el cautiverio al que te somete tu propia maldad. Es gritar en silencio, reconociendo con tu sola respiración, que quieres y necesitas vivir dependiendo de la Fuente de toda vida verdadera. En perdón. En esperanza. En amor. 
Sólo así puedes ser y sentirte rescatado. Reencontrado. Revivido. 

“Llamarás, y el Señor responderá; pedirás ayuda, y él dirá: ¡Aquí estoy!” - Isaías 58:9

Feliz 2013 amig@.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Amor vs. El más fuerte



“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros.”

Pero, ¿cómo armonizar esto con un discurso que propugna: “la supervivencia pertenece al más fuerte”? Según esta ley de la naturaleza, ¿por qué ayudar al desvalido, proveer de sustento al necesitado o de cura al enfermo? Cuando el ser humano confunde al prójimo con el enemigo está perdido. Cuando vive para ganar. Cuando quiere ser por encima de los demás.
La supervivencia, más aún, vivir de forma plena, pertenece a quien sabe amar y sabe ser amado. El que no conoce el amor sobrevive aferrado a las cosas y busca su aliento en el hecho de tener aún más cosas, pero el que ama vive para un propósito que lo supera. Lo trasciende. Lo eleva. Porque el amor no es una cuestión intelectual o un sentimiento producido por el pensamiento reduccionista de cierta química materialista. El amor es una cuestión vital y la fuerza más poderosa del universo. Un regalo de naturaleza inabarcable que se escapa de cualquier probeta, laboratorio o mente brillante. Aparece en los lugares más remotos, acude al rescate en los momentos más inesperados y crece en las personas más diversas. Es incontrolable. Indomable. Incomprensible y hasta irracional. Es capaz de transformar el temor en sonrisa, cubrir al desnudo, alimentar al hambriento y dar vida al abatido. Sólo un receptor humilde, que ha enterrado su ego y ha decidido nacer de nuevo, puede convertirse en el lazo que amarre a las personas que le rodean a la fuente Sobrenatural de este don. Así se manifiesta el amor, dádiva divina. No podemos contenerlo, tan sólo somos vínculos que permitimos mediante nuestras decisiones que éste fluya o deje de hacerlo. La invitación a aceptar ese amor es real y llega hasta ti hoy. La propuesta no es una amenaza, es una promesa. Las consecuencias no se quedan aquí, son eternas.
“Y éste es el mandamiento: que viváis en este amor, tal como vosotros lo habéis escuchado desde el principio.” - 2 Juan 6

jueves, 1 de noviembre de 2012

Progreso y Bondad



El progreso no sólo significa cambiar, sino cambiar para mejor. ¿Ricos más ricos y pobres más pobres es progreso? ¿Desigualdades cada vez mayores es progreso? Avanzamos en tecnología y ciencia, ¿pero vivimos en progreso? A un filósofo le preguntaron: -¿cuál es la máxima virtud?-. -La bondad-, respondió. -¿Por encima de la inteligencia?-, le cuestionó el periodista. -La suprema inteligencia se llama bondad-, respondió el filósofo. 
Si el progreso es cambiar, pero cambiar para mejor, la bondad tiene mucho que decir en nuestro mundo; y tú, que eres quien puede compartirla con cada persona, puedes empezar a marcar la diferencia. Si el amor nos inunda, cambiaremos, y cambiaremos para mejor. Entonces, progresaremos.


lunes, 26 de diciembre de 2011

La fe


"A veces uno decide creer algo que en condiciones normales consideraría absolutamente irracional. Esto no quiere decir que en realidad sea irracional, pero, sin duda, no es racional. Quizá exista la suprarracionalidad, es decir, una razón más allá de las definiciones normales de los hechos o la lógica basada en los datos, algo que solo tiene sentido si puede verse una imagen más amplia de la realidad. Tal vez es ahí donde encaja la fe."
- W. Paul Young, La Cabaña

sábado, 10 de septiembre de 2011

de árboles...

No deja de ser curioso... Todo comienza con un árbol -Génesis 2: 9- y todo acaba (o vuelve a empezar) con otro árbol -Apocalipsis 22: 2-. Y en el medio, Un Jardinero -Juan 20: 15-.

miércoles, 20 de abril de 2011

A pesar de todo, ¡se puede!



Probablemente no encuentres diseño o calidad en la estética e imagen del vídeo, pero sí lo encontrarás en las palabras de este valiente hijo de Dios. Toda su vida es una inspiradora historia de superación personal.

En la actualidad Rubén A. Gyöker vive en Libertador San Martín (Entre Ríos Argentina). Es miembro activo de la iglesia Adventista de Diamante Sur, en la que lleva más de 12 años colaborando en labores de predicación y visitación. Su gran pasión es "ayudar a la gente a comprender la Biblia y el gran amor de Dios por nosotros".

viernes, 15 de abril de 2011

"Tener" no es lo mismo que "Ser"



Muchas personas confunden el “tener” con el “ser”. 
Por eso existen tantas desigualdades. Por eso gobierna la indiferencia, el “todo vale”... “Todo vale”, dicen, mientras a mí me valga...

El sistema sobre el que está asentada nuestra realidad presente es egoísta y mezquino; aquello que nos rodea nos conduce a desear tener la cartera llena y así nos olvidamos de lo esencial, así nos encontramos con un corazón vacío, con una vida sin sentido. 
Tratamos de llenar nuestro “ser” con el “tener” y eso, nunca funcionará. 
Lo material se desgasta, la polilla y el óxido lo destruyen, los ladrones entran y roban. Lo material no puede satisfacer al corazón. 

No trates de llenar algo intangible con cosas. No busques colmar tu sentido de trascendencia con objetos que se pierden en el tiempo. Es inevitable. No se puede satisfacer lo inmaterial de nuestro “ser” con lo material del “tener”. 
Para “ser” completo, no es necesario “tener” más. 

Al fin y al cabo, cuando el dolor o la muerte, el llanto o las dificultades acampen frente a tu vida, ¿de qué servirá “tener” si no has “sido”?

Creación constante... ¿no crees?



Cuando leemos Génesis, pareciera que la creación de Dios acaba en 7 días, pero no quiero creer que sea así. De hecho, creo que sólo lo parece porque...
Necesito que Dios cree y re-cree mi vida día tras día. Necesitamos que Sus manos modelen cada momento nuestro ser y que Su aliento mantenga encendida la chispa vital, la fuerza del ser, del movimiento. Todo ello para, entre otras cosas, reconocer que nuestras capacidades son suyas y que nuestras incapacidades son el lugar donde Él se hace fuerte. También ese debe ser el sentido del séptimo día, del Sábado: mirar a Dios y admirar su obra, y darnos cuenta de la necesidad de volver a ser creados a su imagen y semejanza.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Evolución COM .COM


Marcas, Comunicación, Marketing, Consumidor... son conceptos que han evolucionado desde sus comienzos. De nuevo un vídeo nos sirve de ejemplo para entender la evolución completa. De una comunicación de uno a muchos, a una individualizada. 
Hemos de tener esto en cuenta a la hora de realizar una comunicación efectiva desde la plataforma que sea. No podemos entender esos conceptos como se entendían en la década de los 40 y no podemos emprender una acción comunicativa obviando las nuevas realidades, las nuevas formas de entender y recibir información que tiene el ser humano.